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Los comienzos
La fidelidad de los simpatizantes hacia el equipo fue notoria desde los primeros años del club, que a pesar de tener poco tiempo de vida ya contaba con una numerosa cantidad de socios. Los seguidores llenaban las humildes tribunas en todos los partidos que el equipo disputaba, y ya las crónicas de ese tiempo contaban como los hinchas xeneizes alentaban sin parar jugara a donde jugara.
Esa pasión no era casualidad, era inherente a los inmigrantes italianos que poblaban el barrio de La Boca, como cuenta Martín Caparrós en su libro Boquita: "Sus seguidores -los vecinos de La Boca- eran recién llegados al país, a este mundo: no tenían identificaciones claras, pertenencias. Un nuevo club del barrio -que no fuera muy malo, que ganara al menos un campeonato muy menor- les ofrecía colores, estandartes, su nombre, una causa común, razón para encontrarse, ocasión de medirse, la posibilidad de una victoria: el principio de una identidad. Los tanos, además, se sabe, son un poco brutos: los cien o doscientos vecinos y amigos y suplentes que se arrimaban a un partido de Boca no actuaban igual que los inglesitos o los cajetillas que miraban a Alumni o San Isidro. Gritaban, insultaban, apludían, se apasionaban más allá de toda conveniencia. Cinchaban por su equipo de otra forma, agregando su presencia a la de los jugadores -aunque nadie los llamara hinchas todavía."
1911: Boca es La Boca...
En 1911 un diario local llamado La Mañana, convocó a un concurso de "football" para saber cuál de los equipos de La Boca tenía más simpatizantes, si Boca Juniors o River Plate. Un simpatizante de River, creyendo que ganarían fácilmente, mandó una nota al director del diario diciendo lo siguiente: "¿Cómo creer, señor director, que se pueda abrir un concurso comparando a un club de primer liga con otro de segunda? ¿Quién discute que el concurso será ganado por River Plate, club que desde hace muchos años viene actuando con resultados sorprendentes y atrayéndose las simpatías de toda La Boca?". Pero el Señor Pregallina se equivocaba, porque dos semanas después se publicaron los resultados del concurso y dieron como resultado que, de 84.364 votos, Boca había recibido 55.050.
1912: ...y de La Boca no se va
En 1912 el terreno ocupado por Boca para sus instalaciones es desalojado por el gobierno, por lo tanto los directivos decidieron alquilar un terreno en Wilde, a unos 10 kilómetros de La Boca. Los socios no estuvieron de acuerdo con la decisión de abandonar el barrio, y de los mil quinientos socios que tenía el club..., sólo quedaron trescientos. Por semejante rebelión, Boca estuvo a punto de desaparecer, pero los dirigentes entendieron que Boca era de La Boca y que de La Boca no se iba.
1924: José Stella ("Pepino el Camorrero")
El 2 de noviembre de 1924 Argentina fue a jugar a Montevideo contra Uruguay, por la final del torneo Sudamericano. Después del partido, se produjeron incidentes entre los hinchas charrúas y argentinos, produciendo la primera muerte en el fútbol provocada por un "barra" argentino. Pedro Demby, uruguayo, de veintidos años, termina tirado en la esquina de Mitre y Rolón con una herida de arma de fuego.
A unos metros del cuerpo la policía encontró un funyi negro (un sombrero típico de Buenos Aires), que, según testigos, usaba el autor del disparo. La etiqueta del sombrero decía: Casa Grande y Marelli, Almirante Brown 879. Sí, en La Boca. El principal sospechoso fue José Stella, o Pepino el Camorrero (como le decían), que usaba un sombrero como ese y que había estado liderando a la "barra" argentina aquel día. Pepino era un reconocido simpatizante xeneize, que tenía como ídolo a Américo Tesorieri (recordado arquero de Boca) y que se ubicaba siempre detrás de su arco para ver los partidos. Pero esa prueba no fue suficiente, y el crimen quedó sin resolver.
1925: Victoriano Caffarena, el Jugador Número 12
El 5 de febrero de 1925 un barco parte del puerto. En él viaja la delegación xeneize hacia Europa para jugar la primera gira europea de un equipo argentino. Con la delegación, además, viajaba un hincha: Victoriano Caffarena. "Toto", como le decían sus amigos, provenía de una familia de dinero y no sólo se pagó el viaje él, sino que aportó económicamente para que la gira pudiera realizarse.
El viaje duró veintidos días, y Victoriano improvisó varias tareas: fue masajista, utilero, y todo lo que pudo hacer para colaborar. Se fue haciendo amigo de los jugadores, tanto que Antonio Cerotti lo eligió tiempo después como padrino de su hijo. Pero en ese viaje sucedió algo mucho más importante: nació el nombre de la hinchada más reconocida del mundo. Un nombre que representa la importancia del hincha xeneize. Los jugadores, agradecidos por la fidelidad de Caffarena, lo nombraron simbólicamente como el Jugador Número 12. Nombre que quedaría ligado para siempre con la hinchada de Boca.
Además, encargó a Ítalo Goyeneche y Fernández Blanco componer el himno de Boca Juniors, y fue presidente de la agrupación barrial Amigos de la República de La Boca. Por eso, y por su vida dedicada al club, el presidente xeneize Alberto Armando le entregó, años más tarde, una plaqueta en que se lo reconocía oficialmente como el Jugador Número 12.
La Barra de Cocusa
En la década del 50 las barras comenzaron a ser grupos más organizados, el primer grupo identificado en Boca fue "La Barra de Cocusa", que manejaban "Cocusa", el "Negro Bombón" y Jorge Corea. No se sabe mucho más acerca de este grupo.
1962: La Barra de Enrique Ocampo ("Quique el Carnicero")
Oriundo de La Boca, Enrique Ocampo comenzó a pisar fuerte en la tribuna junto con la presidencia de Alberto Jacinto Armando, que gobernó a Boca veintiún años seguidos. Armando sabía que tener un grupo de choque de su lado fortalecería su poder, por eso comenzó a acercarse a la barra a través del secretario general de Boca: Luis María Bortnik.
"Los mangazos para los viajes se iniciaron con la Copa Libertadores. Recuerdo que les conseguíamos entradas pero nunca les pagábamos los traslados. Aunque antes no se viajaba tanto, los dirigentes veíamos que esa hinchada era necesaria. No por la violencia, sino por el aliento que terminaba contagiando a los jugadores. Había oportunidades en que Boca no jugaba bien en los primeros tiempos y esta gente comenzaba a gritar. Al final contagiaba a los demás y el equipo entonces daba vuelta muchos partidos." Cuenta Bortnik en el libro Donde manda la patota de Gustavo Veiga.
Quique organizó la barra de manera que la concentración de poder quedara en pocas manos: él, Carlos Varani ("El Capitán"), el "Viejo" Carrascosa, "El Alemán", el "Gordo Upa" y el "Uruguayo Chupamiel". Toda gente del barrio y que tenía entra veinte y treinta años, porque "Quique no aceptaba guachitos", recuerda Rafael Di Zeo, quien sería líder de la barra años después.
Pero en 1975 un hombre de San Justo comienza a frecuentar la tribuna con un grupo de personas de Lugano, Villa Martelli, Ciudadela, Morón y El Palomar..., su nombre era José Barritta. José comenzaría a acumular poder hasta convertirse en el capo seis años más tarde.
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